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R A D H E S
Para verlas a un tamaño mayor, pincha en cada una de ellas.
Quiero ver más allá de lo evidente. Indagar qué se esconde tras el reflejo de las cotidianas cosas que nos rodean, que forman parte del entorno en el que nos desenvolvemos, por el que vamos pasando casi siempre a ciegas, intuyendo el camino. Pero en Radhes existe la posibilidad de parar. Y es lo que hago, detenerme y contemplar el mundo tan distinto que hasta mis ojos llega, algunos dirán que distorsionado o deforme. Pero para mi es una parte de la realidad que quizá no me atreví a explorar antes. Pero ahora lo hago, me sumerjo en un mundo reflejado y descubro, atónito, que otro universo existe más allá de la imagen reflejada. Y así comprendo que la soledad del viejo sentado, es más dura, más insoportable desde esta visión desconocida. Está atrapado en un espacio al que yo no tengo acceso, ni yo ni nadie. Ahí queda, solo, ya sin esperanzas ni sueños, sin la ilusión de poder ser diferente algún día. Y mis pasos, empujados por el ensueño, me llevan hasta un mar que no sé si es real o imaginado, en el que la mutación que en todos los órdenes existe, aquí se acelera. Nada dura más de unas centésimas de segundo. El aquí y ahora se llega a vivir con tal intensidad, que hasta el futuro se hace enseguida viejo. Imposible acordarse de lo que aquí existía ahora mismo. Otras formas, impelidas por las caprichosas brisas, van ocupando el tiempo y el espacio. Y sin embargo el sujeto reflejado no percibe el cambio, permanece ajeno a las transformaciones que, en su imagen dibujada al otro lado del espejo, se producen.
NOTA: "Estas fotografías no están alteradas digital o analógicamente. Han sido tomadas con cámaras analógicas y la película empleada, tipo diapositiva de la marca Fuji, reproducen exactamente aquello que mis ojos contemplaban. Únicamente, en dos de ellas he seleccionado el encuadre".
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