R A D H E S

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EL REGRESO

2 DE OCTUBRE DE 2005

Vuelvo a subir por las estrechas callejuelas hasta aquella plaza en la que me refugiaba del desengaño y, al igual que ayer, ocupo el mismo banco. Al punto los recuerdos vuelven a mostrarse claros, recientes, con una nitidez que casi llega a asustarme si no fuera por que estoy más empeñado en retomar los momentos pasados que en las sensaciones del Aquí y Ahora, lugares en los que no he sabido vivir nunca.

Cuando aquel día volví a la casa del balcón te encontré en el piso de arriba, ocupada en recoger la ropa, plegando camisetas y haciendo ovillos de calcetines. Yo, apoyado en el arco que dividía la habitación,contemplaba los movimientos de tus manos mientras tú me preguntabas "¿qué tal, donde has estado durante todo el día?" ¿Cómo contestarle? ¿Cómo decirle que había estado luchando contra el dolor, la desilusión y el fracaso, la ira y el miedo?

Estuve por ahí, dando vueltas, hablando con éste o aquél. Nada de particular. ¿Y tú, qué has hecho tú? Habías ido a comprar algo de comida, apenas nos quedaba nada en la nevera. Te encontraste con Marga ¿Te acuerdas de Marga? Claro, cómo voy a olvidarla¿Y después? Pues nada, he vuelto a casa, he preparado la comida y ahora estaba recogiendo la ropa. Esperándote. Y dejaste de hacer aquello que te había mantenido ocupada durante los breves segundos en los que nuestras palabras se cruzaron llenas de engaños, desbordando decepciones. Te dirigiste hacia mí y tomando mi rostro entre tus manos cuya piel tengo tan reciente en el recuerdo, me diste un beso húmedo y fugaz. Tus ojos posados en los míos intentaban atravesarlosy llegar hasta los rincones más ocultos de mi pensamiento, hablando ellos en lugar de tu boca y preguntando ¿qué ocurre, qué está pasando ahí adentro que te noto tan raro, tan diferente. Que siente tu corazón que aún a través de la piel , a pesar incluso de la ropa que cubre tu pecho, llega helado, casi sin vida, hasta mi mano. Tu mirada desaparece tras tus párpadosy apoyando la frente en mi hombro, sigues hablando sin pronunciar palabra. Únicamente yo escucho tus frases plenas de inquietud, quizá de tristeza porque hay algo que tú no entiendes, hay algo que nos ha separado y quieres saber qué es lo que ha ocurrido para que el amor se haya convertido en desconfianza, que ha sucedido para que la pasión se haya trocado en miedo. Pero no quiero ceder a tus tretas de ramera. Sin brusquedad, firmemente, retiro tus brazos de mi cuerpo, no quiero que sepas que yo también estoy en el secreto, que soy consciente de lo que estáis tramando y no me voy a rendir tan fácilmente. Jugaré en la misma forma en que lo hacéis vosotros.


8 DE OCTUBRE DE 2005

-¿Has estado en la casa pequeña?- La casa pequeña es donde ella vivía antes de conocernos, antes de que intentáramos construir un solo mundo para los dos. Aún la conserva; es barata y allí tiene las cosas de las que puede prescindir y no quiere desprenderse. -¿Has estado en la casa pequeña?- Ni siquiera me miras, a pesar de que yo busco tus ojos sin conseguir llegar hasta ellos, cuando me contestas que después de haber estado conmigo esta mañana no has vuelto -¿para qué iba a hacerlo? -. Ni siquiera tu rostro se altera cuando intentas confundirme. Y doy fé de que casi lo consigues, casi me dejo atrapar en la trampa que vas urdiendo a fin de que confiese que sí, que os he visto juntos en aquella cama en la que aprendí a recorrer los caminos que, desde tu cuerpo, me llevaron tantas veces hasta el cielo.

-Yo no he ido hoy a la casa pequeña- No quiero decirle que al menos no he estado con ella. Su mirada preocupada, o sorprendida, no sabría discernirlo, intenta penetrar de nuevo en mi cabeza, leer a través de los gestos de mi cara, porque le digo algo que al parecer ella no entiende.

-¿Cómo que no? ya se te ha olvidado lo que hemos hecho. Pues te aseguro que yo no hago otra cosa que pensar en ello durante todo el día-. Hay un tono de complicidad en tus palabras, de secreto compartido. Pero yo no entiendo nada. ¿De qué estas hablando? La confusión se ha adueñado del momento y en mi cabeza hay algo parecido a una niebla espesa, cargada y densa que no me deja pensar con la claridad que necesito. Estás cerca de mí, muy cerca, acariciándome el cabello, zalamera. -¿Cómo se te ha podido olvidar algo tan bonito?- Y por mucho que mis ojos intentan adivinar un gesto que desvele las oscuras intenciones que entre los dos habéis tramado, únicamente consigo ver el desconcierto reflejado en tu rostro, con las lágrimas a punto, apenas retenidas . -¿Qué está pasando? ¿Qué te ocurre ahora? No entiendo, Ismael, no entiendo qué es lo que pretendes-.

-Quiero la verdad, que dejes de engañarme. Sabes perfectamente que no he estado en la casa pequeña. Bueno, sí. Pero no contigo. He pasado y os he visto a los dos juntos, follando, sin daros cuenta de que yo estaba allí, petrificado. O quizá si que habéis notado mi presencia y por eso ahora intentas confundirme. Te gustaría volverme loco, para que me encerraran y así poder librarte de mí.

La sorpresa se refleja en tu rostro. ¡Qué gran actriz eres! -¿Pero qué tonterías estás diciendo. No necesito montar ninguna historia para marcharme; el dia que me harte de todo esto me largaré sin más. ¿No comprendes que yo lo único que deseo es vivir contigo? No puedes sentir que yo únicamente es a ti a quién quiero?

-No. Yo sé que me engañas con él, os he visto. Esta mañana he pasado por la casa pequeña y al ver la puerta abierta he entrado para ver que ocurría. He entrado despacio, sin hacer ruido, pensando que podía tratarse de alguien que estuviera robando y entonces os he visto a los dos juntos, en la cama. Ni siquiera os habéis dado cuenta de que yo estaba allí, plantado en el quicio de la puerta, cerrando el paso a una luz que hasta entonces había sido el único testigo de vuestras mentiras. He visto cómo acariciabas su cuerpo, con las mismas manos con las que has sujetado mi rostro hace un momento; he visto cómo tu boca buscaba en su cuello el sabor de la traición. He podido escuchar tus gemidos, llevo el olor de su cuerpo metido en las narices desde esta mañana. ¿No lo entiendes?, Os he visto con mis propios ojos, no lo he imaginado. Deja ya de mentir.

Afuera, más allá de aquel balcón, el mundo, si es que existe algo más en aquel momento aparte de aquellas cuatro paredes que nos contienen a nosotros con nuestras pasiones, miserias y muy pocas esperanzas, no es consciente del estupor que su rostro refleja, ni sabe de mi ira contenida a duras penas. Pero ésta no va dirigida hacia ella, pues estoy convencido de que está siendo manipulada por él. Él ha sido quien la ha ido apartando de mí poco a poco. Pero no se conforma con poseer su cuerpo, no le basta con haber llenado su corazón de sueños e ilusiones. Está decidido a librarse de mí volviéndome loco y de ésta manera apartarme completamente de ella. Quiere acabar totalmente conmigo.Estoy seguro de que la idea de dejar la puerta abierta ha sido de él. No sé cómo ha sabido que yo acudiría y después te ha dicho que fingieras que era conmigo con quien estabas. Basta ya de engaños, deja ya de torturarme con este juego ¿No ves que yo no podré dejar de quererte nunca? Nunca. Siempre serás mía, a pesar de que puedas estar con él o con cualquier otro. Y tu corazón es mío y sólo yo beberé los flujos de tu cuerpo.

Tus palabras, imagino que fútiles excusas, pues no soy capaz ya de entenderlas,resuenan en la habitación y únicamente escucho el sonido de tu voz rebotando en los muros blancos de esta habitación que ahora mismo me ahoga. Ya no entiendo lo que dices, ni siquiera las lágrimas que brotan de tus ojos me conmueven, ni siquiera los brazos que me tiendes suponen un refugio seguro en este momento. Únicamente un terrible dolor de cabeza, convertido en grito cargado de agonía que sólo yo escucho, llena mi mundo en este momento y escapo sin saber a donde me conducen mis vacilantes pasos. Caigo varias veces y ni el dolor de las heridas soy capaz de sentir, tan grande es mi angustia, tan inmensa mi pena.

Ahora no es aquel momento y, sin embargo, después de tantos años, después de tantas cosas, siento idéntica ansiedad, la misma zozobra que me llevó hace tiempo a esta misma playa en la que ahora estoy, recordando, sufriendo con la misma intensidad mientras el sol se va ocultando poco a poco, llenando de fuego el cielo y de sombras mis pensamientos. Como entonces pienso en matarlo apenas lo tenga delante, sin darle oportunidad de defenderse. No hay otro camino.

10 DE OCTUBRE

Pasó mucho tiempo antes de que la volviera a ver de nuevo. Pero a pesar de los meses transcurridos, a pesar de no conocer ni siquiera los rasgos de su cara, cada día pensaba en ella. No obsesivamente, sino de una manera pausada y tranquila. Me daba paz saber que aquella mujer existía, que respiraba el mismo aire que yo y que el mismo sol la saludaba cada mañana. Los dos estábamos rodeados por el mismo mar. No necesitaba nada más. Y fue una mañana de mayo en que la luz del sol brillaba más blanca que otros días, como si hubiera una segunda estrella iluminando el firmamento, aunque luego supe que no se trataba de ningún astro, sino de tus ojos que resplandecían en aquel lugar. Nada más contemplar tu silueta, supe que eras tú quien se ocultaba tras aquellas ropas, detrás de aquellas gafas, semicubierto tu rostro por el cabello que esta vez iba suelto, sin ataduras, flotando al albur del viento, acompañando el compás de tus pasos. Te sentaste cerca de mí, en la mesa de al lado. Los dos solos, sin nadie que pudiera interponerse entre tu mirada y la mía; sin nadie llenando nuestro silencio con palabras sin sentido. Podía sentir el sonido de tu cuerpo, respirando, latiendo tu corazón tan cerca del mío, sin que supieras porqué el destino había guiado tus pasos hasta aquel lugar en la carretera, tan lejos de todos, tan cerca de mí. El aroma de un perfume que pronto resultaría familiar, llenaba mis sentidos más allá del olfato. Y no sé cómo, nunca pude recordarlo, comenzamos a hablar el uno con el otro. Casi al unísono, nuestras miradas se unieron en un instante eterno que aún hoy dura, tan fuerte es su presencia en mi memoria , después de tantos años, después de tantas cosas. Fue en aquel momento cuando descubrí tu rostro, tan bello, tan sereno, aún fugazmente invadido por un cabello que, de tanto en tanto, apartabas con tus largas y delicadas manos. Perdimos la noción del tiempo. Ni nos dimos cuenta de que la noche nos observaba, haciéndose cómplice del amor que iba surgiendo entre nosotros. Por que fue desde el primer momento que nos amamos, como si siempre lo hubiéramos hecho, como si hubiéramos nacido enamorados el uno del otro. Y en un instante en el que el mundo se hallaba detenido, nuestros labios se buscaron después de que lo hubieran hecho las manos, los ojos; y nos dimos el primer beso, suave, dulce, reconociendo la textura de nuestras bocas, probando la calidez de una saliva que se iba mezclando ayudada por unas lenguas que por primera vez se acariciaban. ¿Cuánto duró? no sabría decirlo, para mí, después de tantos años, después de tantas cosas, todavía permanecen unidas nuestras bocas, al igual que las miradas.


16 DE OCTUBRE DE 2005

Cuantos caminos se derivan de un beso! Y tardaremos años en averiguar si es acertado el elegido. Nosotros decidimos seguir juntos aquella noche sin luna en la que las estrellas brillaban casi tanto como nuestros ojos, contemplándonos el uno al otro desnudos por primera vez en la historia de los hombres. Desnudos  y buscando  parajes  ni  siquiera  imaginados,  únicamente  soñados  por  poetas,  pensados por los
dioses para vivir eternamente en ellos. A aquella noche gloriosa, siguieron otras en las que nos buscábamos por las mismas calles que ahora recorro invadido por un sentimiento extraño en el que el tiempo en lugar de avanzar, va retrocediendo hasta hacerme revivir con una intensidad inusual todo lo acontecido en aquellos años tan lejanos. Me habías poseído como antes nadie lo hiciera. Me cautivaba tu sonrisa, tu voz llenaba mi alma de melodías nunca imaginadas. Tus caricias abrían puertas a caminos nunca explorados. Tus silencios llenaban mis oídos de palabras que rezumaban poesía. Tu cuerpo, al caminar, era una danza etérea en la que ibas despegando los pies del suelo, levitando, escapando de un mundo en el que tú no tenías cabidas. Dios te creó para estar en el cielo y no para vivir entre los hombres. Siempre sabías que era lo que yo necesitaba, una palabra, un gesto, una caricia. Tú lo tenías siempre a mano para mí.

-Te quiero-. Una frase tantas veces repetida y que, ni por asomo, describía los sentimientos que en mi corazón se concitaban. Nunca supe expresar por medio de palabras todo lo que sentía por ti, era un sentimiento demasiado grande para poder traducirlo. Pero tú, cuando hablabas, cuando me decías cómo y cuanto me querías no necesitabas nada más que mirarme a los ojos y yo escuchaba tus palabras que, a través de ellos llegaban, con una espectacular nitidez al centro de mi corazón que, en aquel momento, no en otro, se convertía en el centro del universo.

-Ven mi amor, ven a mí. Soy tuya ¿puedes sentirlo? ¿Puedes entender que mi vida, que yo sin ti, no existiría? Soy tuya, mi amor, sólo tuya. Nada más hay fuera de nosotros, El mundo lo vamos creando tú y yo a medida que nos amamos. A cada inspiración nuestra, cobra sentido el Universo, justificando la obra imperecedera de Dios. Fuera de estas cuatro paredes, tras los cristales del balcón que nos muestra algo parecido a la noche, no hay nada, no hay nadie. Únicamente tú y yo en este espacio que solamente existe por que nos amamos. Eres mío y yo soy tuya. Vivamos en la eternidad de un tiempo que sólo nos imaginamos, tú y yo. No hay nada más, no vive nadie más fuera de nosotros. Ni siquiera los ángeles tienen cabida en el mundo que tu y yo hemos creado. Ni siquiera el sol, la luna y las estrellas tienen sitio en este universo que desde la nada se expande a medida que el cariño crece entre nosotros. Solos, tú y yo, viviendo en un instante que no pasa, que permanece inalterable, inmutable a pesar de los días, semanas, meses transcurridos. Y claro que sí, mi vida. Yo soy tuya y tú eres mío ¿De quién si no si nadie más existe? ¿De quién?

Tal vez ni yo mismo hubiera nacido, tal vez no fuera sino producto del amor que sentías, que asegurabas sentir. A veces tenía la sensación de que tu presencia junto a mí, iba creando mi presente, recreando un pasado que nunca estuve seguro de haber tenido, proyectando un futuro que sin ti no hubiera tenido sentido.

18 DE OCTUBRE DE 2005

¡Cómo pasan los días!¡ Cómo transcurren las noches! Casi no soy consciente del tiempo pasado desde mi regreso. Hay momentos en los que confundo el pasado con un presente que, la verdad, ya no tiene sentido si no es para recordar lo sucedido durante aquel tiempo en el que de alguna manera me he quedado anclado. Día tras día recorro los lugares por los que caminaba solo o acompañado de tu presencia. Día tras día evoco los acontecimientos que marcaron mi destino para siempre, aunque bien sé, que éste acabó en aquellos años, cuando perdí tu cariño, cuando dejaste de alumbrar a mi corazón con tus ojos. Pero aquí sigo, forzado a vivir a costa de mi propia vida. Cuando me acuesto no busco el descanso de mi cuerpo fatigado por el caminar continuado durante el día, agotado por la fuerza de las sensaciones recordadas, sino la oportunidad de, a través del sueño revivir los momentos felicesSigo acudiendo cada día a aquella casa en la que compartimos tanto amor, en la que soportamos tanto dolor. Cada día subo las cuatro escaleras que conforman el piso de aquella calle y me quedo un rato contemplando la ahora ajada fachada donde se abre la puerta en forma de arco que da acceso a la casa; y por la enrejada ventana de la cocina contemplo aquel lugar hoy oscuro y en claro deterioro. Pero enseguida, con mis ojos reconstruyo lo asolado y siento cómo tu presencia sigue otorgando plenitud a aquel espacio hoy reducido casi a una ruina. De nuevo soy capaz dever los muebles y casi oigo tus pasos en el piso superior, en la habitación del balcón. Y en mi acotada memoria, en mi ensueño una y otra vez evocado, empujola puerta y subo los peldaños de la estrecha y virada escalera. Sentada en la cama, unidas las manos, inclinada la cabeza sobre tu pecho y dejando que las lágrimas rueden por tus mejillas, tantas veces holladas por mis besos, casi ni te das cuenta de que he vuelto, únicamente cuando me arrodillo a tus pies y descanso mi frente en tu regazo, reaccionas y deslizas los dedos por mis cabellos, en una caricia repetida tantas otras veces, tan habitual en ti. No dices nada, ni un reproche y ni siquiera una palabra de cariño, sólo el silencio cargado de preguntas. No quiero volver a enfrentarme a ti, pero es algo que no puedo controlar. Es el dolor de saberte enamorada de otro hombre lo que me impide ser bueno contigo.

-No puedo vivir sin ti. No sé caminar por las calles sin saber que tú estas a mi lado. El sol desaparece del cielo cuando sé que tú no puedes verlo junto a mi. El aire se hace irrespirable cuando te imagino en otro lugar que no sea el mismo que yo ocupo. Ninguna voz llega a mis oídos si no sale de tu boca. Mi corazón se detiene y mi sangre se hace espesa, casi sólida, si tu no la haces hervir con tu presencia. Te quiero ¡Te quiero tanto!

De nuevo son tus gestos, acompañados de un largo suspiro, quienes hablan por ti. Tomas mi cabeza entre tus manos, e incorporando mi cuerpo hasta tenerlo junto al tuyo, nos recostamos en la cama. Y mi corazón percibe la voz susurrante del tuyo que me dice: "No te inquietes, mi amor, deja ya de torturarte. Cesa ya en tu lucha con fantasmas que no existen sino en tu imaginación. Soy tuya, mi amor, sólo tuya. Estoy entregada a ti, entregada en cuerpo y alma al amor que por ti siento. Nunca podré amar a nadie más que a ti, nunca he amado a nadie como te quiero a ti. Es imposible que lo que siento por ti, pudiera repetirse con otra persona", Y de esta manera, agotado, sin dejar de escuchar lo que tu corazón cuenta, sin llegar a creer del todo la sinceridad de sus palabras, voy quedándome dormido, después de un día tan duro, tan largo.

23 DE OCTUBRE DE 2005

 

Perdí la inocencia, perdí la ilusión de creerme un elegido de Dios. Perdí la fe que me empujaba a caminar cada día en pos de aquella nube que guiaba mis pasos desde hacía tanto tiempo. Perdí los caminos que, al borde del abismo, me conducían hasta los mismos pies del castillo donde vivían las hadas. Perdí la sonrisa y la sorpresa y mis ojos se  tornaron  opacos.  Perdí el recuerdo  del  calor de los brazos de mi madre cuando de
pequeño me arrullaba con palabras llenas de cariño, rebosantes de ternura. Perdí los amigos que desde siempre habían estado a mi lado. Perdí la tranquilidad del sueño del que en paz se acuesta y mi casa, la que de verdad era mía, a la que nadie había accedido nunca, había perdido la luz, era oscura y fría, sin nada que me recordara que yo vivía en ella desde siempre. No me quedaba nada. Al perderte a ti, lo perdí todo. Y sin embargo tu cuerpo permanecía recostado junto al mío, casi en la misma postura en la que nos habíamos dormido. La débil sol de la alborada me dejaba ver los rasgos de tu cara suavizados por el sueño, sin tensiones, ajena a mis intentos por atravesar la piel y los huesos y llegar hasta el cerebro y averiguar hasta tus últimos pensamientos. Adivinar cuándo comenzó el engaño, cuando volvisteis a encontraros de nuevo, qué fue lo que os dijisteis. Quiero saber en qué momento se reanudaron las caricias entre vosotros, cuándo sustituisteis los susurros por miradas. Sí, al perderte a ti, lo perdí todo; hasta la cordura y quizá hasta la vida.

 

© RADHES2005  ISMAEL GARCÍA