R A D H E S

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Juego a imaginar que es a mí a quien miras,

que es a mí a quien atisbas cuando te das la vuelta

y giras la cabeza ocultando el rastro de tus ojos.

Y esa sonrisa desvaída, queriendo ser cortés en lugar de insinuadora,

sólo por aparentar el disimulo, para que yo no vaya a confundirme

y llegue a interpretar que, con el gesto amable de tu boca,

 me estás invitando a profanar tus sueños.

Pero yo juego a imaginar lo que imagino,

que es tu cuerpo, mecido al albur de la brisa y el agua combinadas, 

quien rodea mi alma agotada de tanto soñar

sin conseguir jamás llegar al despertar.

Y en  un abrazo soñado o quizás imaginado,

me fundo y me confundo, no distinguiendo ya lo real de lo esperado.

Y aún así siento el calor del cuerpo ajeno, que no es otro que el tuyo,

atemperar mi carne proscrita de caricias.

Y vas hollando con tus manos 

caminos cerrados por años de impúdicas soledades.

Ya no son los recuerdos los que despiertan ante el gentil estímulo

pues después de tanto tiempo, ni rememorar puedo.

Todo lo he olvidado.

Ahora descubro de nuevo el lenguaje de dos seres enlazados, 

fundidas las miradas a través de párpados cerrados;

un único corazón que nace y renace a cada instante

para alimentar dos cuerpos que se van haciendo uno.

Y quiero imaginarte imaginando que gimes y jadeas

clamando al cielo por un espacio nuevo, diferente al por Dios creado

cuando ni siquiera  habíamos   sido pensados juntos en un sueño.

Clamando por un universo regalado, en lugar de imaginado,

en el que seguir alimentando el juego que imagino.

Juego a imaginar tu piel tersa y morena 

cubierta del sudor con el que mi piel bañas,

haciendo que el sabor de los dos se confunda,

de tal manera que, al posar mis labios sobre tu cuello,

desorientado, no sepa si  es a ti o a mí mismo a quien beso.

Pero qué más da si ya nos hicimos uno,

si ni sabemos, ni queremos darnos cuenta, 

de que hay cuerpos envolviendo este momento, este tiempo regalado.

Deseando imaginar, alcanzo un punto tal,

que imagino que ya nunca harán falta las palabras, los gestos, las miradas.

Ni siquiera las caricias serán  necesarias para saciarnos

pues, imaginando, llego a ser yo mismo el aire que respiras,

la sangre que tu corazón impele, 

el pensamiento que diferente a todo te hace,

la luz que llena tus ojos iluminando el Universode radiantes resplandores

 

Y así imagino 

que me queda algo más que sólo imaginar lo imaginado. 


 

 

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©RADHES2005 
ISMAELGARCÍA